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Poética Instantánea (mujer en el charco)

Atilio Doreste, 4 obras "Mujer en el charco", 50x50 cm 

Impresión Giclée o Fine Art, 2012

Charco Azul es un lugar de  la orilla norte de esta isla. Aquí, donde la marea arroja objetos ya desgastados, suaves y perfectos, también el mar es bravío y golpea. Frecuentemente las olas son gigantescas, y se asemejan a manadas de caballos blancos que cabalgan en auténticos arcos de crin hechos de espuma de mar. El lugar se nos antoja como un punto intermedio, un muy alejado incidente de este viaje imaginario entre Oporto y Barcelona. En la isla se sabe de la ensoñación y la excepción, de aquello que queda descolocado en un espacio sin tiempo, de los viejos mitos de esta "atlántica", así como de su última luz frente a la costa. De esta manera el autor vivió unos años de proceso y transformación en soledad, y se enamoró del color de aquellas olas, y de su vapor justo cuando se apaga el día. Ahora el entorno me parece perfecto para regresar a reflexionar sobre cuestiones de memoria y futilidad, favorecido por la distancia que otorga el tiempo. Rescatando a la vez aquellas notas que empezaron en la luz intensa, la fluorescencia que invadía el balcón de la casa en que vivía a tan sólo escasos 40 metros de la orilla.

 

Es así que los textos que acompañan estas imágenes vienen teñidos por la salitre de ocho años vieja[i]. Se acercan decantados por el ritmo acompasado del mar, y el rumor insistente de los días de cielo estrellado, y la escasa contaminación lumínica.

 

 

“¿Has visto alguna vez este blanco?

Es una espuma hirviente del jardín de esta playa.

Nace a los lados de esta lengua de rocas.

Un claro no escrito.

Golpea a mi vista

pegado a mi centro

y aún lo respiro.

 

Tan lleno este manto se acerca surgente.

Mis aires se abren

perdidas las áreas

que cercan mis ojos.

 

Lo encuentro no hiriente...

que apenas se graban

las vistas e instantes

de fuego tan albo.

 

Así yo lo he visto... existe una hoguera

tan fresca ...

recuerda el espacio

que vive rasgado

el velo del llanto”.

Fluorescencias (2004)

 

 

Como artistas plásticos entendemos que el comportamiento de la pintura materia, en su fluidez, es acogido por el soporte como reflejo de la acción. Por otro lado, como fotógrafos, valoramos la afectación del material sensible en la plenitud de un momentum. En la sincronía de lo ocurrido y la lectura, podemos darle el valor de la obra como un registro, incluso como un archivo. Son objetos materiales que aluden a lo intangible y dan importancia a la experiencia que se trasmite. No es nada nuevo el interés por la huella, tal como se puede apreciar en obras de muchos pintores que han quedado fascinados por el gesto, tal como Antoni Tàpies (1923-2012) o Franz Kline (1910-1962). Sus piezas están dispuestas a esta lectura de reconstrucción del recorrido que han realizado sus pinceles, al igual que en los trabajos más violentos o menos intelectuales de Lucio Fontana (1899-1968).

 

El las impresiones sobre la película sensible y los formatos, es como se ha visto afectado este espejo del agua que queda aislada en el llamado Charco Verde: el hueco que detienen y recupera los pesares del cuerpo en la seguridad de un remanso cercano a lo inhóspito.

 

Metidos en la seguridad del caldo salado de esta laguna, conviviendo con un mini-ecosistema intermareal de pequeños seres y algas, toda tensión se remansa. No hay ambición por retener nada. Con el movimiento lento la onda de abre y se proyecta en el fondo. Con los ojos justos por encima del agua calma, pasan los minutos perfectos, y las sensaciones parecen no dejarse ser escritas, ni pintadas, ni fotografiadas...

 

 

“Caían poemas de entre sus manos, pasaban niños de Néstor flotando, y cada agujero era el dominio de un cangrejo. A ras del agua, película de olas y fondo calima, parecían querer reventar de realidad. Sal de sus heridas y reluciente aceptación, escuchando el viento, a ras del agua, a Lázaro le morían los poemas y renacían en cada floración de su mirada”.

Lázaro entre rocas

 

 

La imagen viene marcada por la clara referencia al cuadro “Mar en reposo”[ii] del pintor grancanario Néstor de la Torre (1887-1938), donde las figuras de unos chicos quedaban flotando junto a unos gigantescos peces en la quietud posterior a la tempestad. Es sabido que el autor quedó aquí influenciado por la obra de Klimt “Sangre de pez”[iii], dibujo donde unas figuras femeninas, cargadas de sensualidad, descansan yacientes y estiradas en el agua. Para el autor vienés las mujeres "se encuentran cómodas en un mundo acuático mientras que el hombre se ahogaría rápidamente, como los marineros seducidos por las sirenas"[iv]. Las formas redondeadas y sinuosas de las mujeres y los cabellos tendrán su continuidad en Serpientes acuáticas, obras en las que "la sensualidad femenina adquiere una nueva concreción y se torna más amenazadora".


Muchos son los cuadros de ese museo imaginario teñido del mito Atlántico que permanecen en la retina, como el “Desnudo con paisaje”[v] Carlos Chevilly (1918-1978),  o “Las Magas”[vi] de Pedro Guezala (1896-1960), en los cuales una figura femenina encuentra momentos íntimos en el refresco de un charco entre rocas conformadas por las coladas del volcán. Es la relación del mundo femenino, lo maternal, con el insondable del agua como ánima, tal cual lo describirían las teorías más junguianas[vii]. El espíritu entra en el útero colmado del último suelo firme entre a las coladas de la orilla, tal como se entendía en las religiones antiguas, donde el hueco es, a la vez, creador desde el lugar de origen, y la tumba; ambos aspectos se unen  en el ciclo de la vida. La presencia de Yemayá, diosa del mar, chica joven y trigueña, y también Oshún, prieta reina del río, que reparan los males terrenales del bañista[viii].

 

Por otro lado, se incide en un tema clásico del arte que es el captar este momento mágico, tan metido en el subconsciente humano, en el que la mujer desnuda, distraída y relajada en el fluir, se introduce en el agua. Ignacio Henares Cuéllar incide en el tema en su prólogo a la exposición "El arte del desnudo", comisariada en el año 2006 por Marisa Oropesa en La sala de Arte de Cajacanarias[ix], donde podemos encontrar conexiones y obras en tránsitos desde el Atlántico más denso a un Mediterráneo dulce.

 

Según Pierre Cabanne la presencia masculina del artista como observador y su modelo, como objeto de la mirada,  toma su plenitud en la obra final de Pablo Picasso (1881-1973), en las series de “El pintor y su modelo” significa “una respuesta artística fulminante a la deshumanización y al olvido de la fundamental calidad de búsqueda y permanencia de lo humano, que fija la percepción en una existencia más elevada” . Para el historiador “la principal fuerza de Picasso reside ahora en esa capacidad de olvido, en la aceptación y el abandono del destino, nutridos permanentemente de la vida misma renovada, exaltante, que perdura cuando todo lo demás ha fenecido”[x].

 

Es el fenix cultural, quizás, de una civilización que se encuentra pocas perspectivas futuras de realización colectiva, que hace, muchas veces, buscar ese espacio de distancia y aquietamiento, tal como lo buscaran algunos pintores con sus jardines en el final de sus vidas: Tanto Monet (1840-1926), como Sorolla (1923-1863), y se prestaron a sus espacios con fuentes y estanques personales al igual que lo hiciera con sus rosales Cailleboitte (1848-1894). Muchos quisieran, al igual que Picasso,  encontrar su Jacqueline, y entregarse al último acto creativo rebelde y ferviente del que sabe que en ese climax se encuentra la antesala e incertidumbre de lo que se extingue.

 

Esa necesidad de hacer transcender el momento, en el borde de la pérdida, no puede encontrar un ejemplo más ajustado al caso que el de la creación del procedimiento técnico original de Polaroid. Parece ser que en 1928, durante una reunión familiar junto al mar, la pequeña hija del científico Edwind H. Land, (se) expresaba su ansia por obtener las imágenes de tan luminoso día playero. Era tan largo el proceso analógico, que se hacía eterna la espera para obtener las imágenes sobre el papel. El reto fue tomado por su padre, que inventó esta breve solución in situ de alta complejidad tecnológica, donde de alguna manera, todo líquido de revelado venía incorporado en el mismo soporte final.

 

Fue décadas después (1956), una vez totalmente comercializado el formato, cuando Polaroid encontró en Ansel Adams a un defensor de la fotografía como una de las bellas artes. Según Adams, las fotos de la Polaroid debían estar expuestas al lado de otras obras de calidad realizadas por autores de renombre. Las piezas quedaban únicas, como si fueran objetos de museo, y no para mayor prestigio a la fotografía de Polaroid, sino para dar muestras de su calidad frente a la fotografía tradicional. Lands le propuso a Adams hacer una seleccionar y recopilar las fotografías polaroids de los americanos más importantes. Hoy en día esta colección, o archivo, lleva el afamado nombre de “La Colección Library”, donde figuran fotógrafos como Marie Cosindas (1925-), Bert Stern (1929-), Arnold Newman (1918-2006), Nick Dean (1933-), etc.

 

Este aspecto de registro- archivo de la obra ha venido siendo una constante en las colecciones y muestras de arte contemporáneo en las últimas décadas. Artistas, teóricos y comisarios de exposiciones han sido testigos de la constante generación de artistas que comparten la idea del arte de la memoria, tanto  la memoria individual como la memora cultural.[xi]

 

Según Ana María Guash, “al archivo se le pueden asociar dos principios rectores básicos: la mneme o namesis, (la propia memoria, la memoria viva o espontánea) y la hypomnema (la acción de recordar). Son principios que se refieren a la fascinación por almacenar memoria (cosas salvadas a modo de recuerdos) y de salvar historia (cosas salvadas como información) en tanto que es contraofensiva a la pulsión de muerte, una pulsión de agresión y de destrucción que empuja al olvido, a la amnesia, a la aniquilación de la memoria)”[xii].

 

En esta última línea se encuentra el análisis que Guillermo Martín hace de la película Memento[xiii], donde descubrimos que la relación memoria e instantánea fotográfica adquiere su mayor intensidad. Nos cuenta como el film muestra a un protagonista que vive a partir de sus apuntes realizados en los márgenes de  las instantáneas que lleva siempre en sus bolsillos. El protagonista no tiene memoria perdurable, tan sólo de quince minutos en el pasado. Por eso necesita de sus fotografías para guiarse hasta obtener la clarificación de un misterio o un objetivo que tiene que ver con la pérdida, quizás, de un ser querido, de una mujer. En este sentido es muy clarificador lo que Martín expresa en su artículo: “el espacio de la creación es el espacio de la significación, es el espacio del sujeto creador; sin embargo, precisamente allí es donde opera la transformación que venimos describiendo; Polaroid que puede proveer tiempo, ¿manifestación del capital que administra, adiestra, axiomatiza el flujo que escapa a sus conjugaciones?”[xiv]

 

Quizás, todo esto confluya en el valor de  hacer cambiar el concepto del tiempo, y en la cristalización de la imagen sobre la solución sensible en el soporte, tal como entendí en aquellos días costeros cuando una pequeña ave cruzó fugaz mi ventana con fondo de mar, dejando sólo la sensación de su trazo ligero:

 

 

Ínfima luz radiante

que haces que yo no sea yo

en el reflejo no-reflejo del agua,

y en la línea no-línea del pájaro.

 

 

Hacerse perder en la entrega del momento, recogerse, mientras anochece, en el riesgo de unas instantáneas arriesgadas y desmemoriadas ante nuestro Charco Verde. Disponer de papeles Polaroid originales, que son como un tesoro que se entrega a la creación[xv]. Una serie de disparos con flash a la última luz de este Atlántico, realizados en serie hasta que... una ola empapara al fotógrafo repentinamente. Las dos últimas fotografías con el dispositivo muriendo. El otro tesoro, que es la cámara, perdida en agua salada... pero ¿qué es lo material si ya tenemos la huella?. La espuma que entra ligera y reverbera en mi ojo derecho, por medio del visor. Finalmente la paradoja: tan caducado está el cartucho (y eso nos gusta, y lo sabíamos) que al revelarse el papel lo tenido como verde mortecino termina siendo lo contrario, rojo de vida, rojo sanguina, y rojo renacimiento. Un acuoso azar consecuente de tal proceso creativo. Conducir hasta casa, con la pareja, en paños menores, pero cubierto con una toalla, pues  las ropas húmedas están en el maletero, y la noche es ya cerrada.

 

Atilio Doreste, Noviembre de 2012, Tacoronte.

 

Água: Porto-Barcelona. Projecto de Investigação Bilateral Entre as Faculdades de Belas Artes do Porto e de Barcelona [ref.076538/012].

 


[i] Todos los poemas incluidos en este texto son originales de Atilio Doreste, La Barranquera, 2004.

[ii] Poema del Atlántico. Óleo sobre lienzo 126 x 126 cms. (1923). Museo Néstor.

[iii] Sangre de pez. Dibujo 52 x 65 cm. (1898). Colección Particular.

[iv] Carl E. Schorske. Fin-de-Siecle Vienna: Politics and Culture (New York: Knopf, 1980), pp. 226-277.

[v] Desnudo con paisaje. Óleo sobre lienzo, (45x75). Colección particular.

[vi] Muchachas bañándose. Pastel 90 x 76 cm. (1947). Colección particular.

[vii] C.G. Jung. Arquetipos e inconsciente colectivo, (Barcelona; Paidós, 2001), pp. 74-102.

[viii] Mircea Eliade.

                  - Historia de las creencias y las ideas religiosas, Vol I (Barcelona: Paidós, 1976/1999).

                  - Tratado de historia  de las religiones: morfología y dialéctica  de lo sagrado, (Madrid: Cristiandad, 1981).

[ix] Ignacio Henares Cuéllar. El desnudo; del ideal a la materialidad. Un siglo de búsqueda, Prólogo a la edición de “El Arte del Desnudo”, Obra Social y Cultural de Cajacanarias, (Santa Cruz de Tenerife, 2006).

[x] Pierre Cabanne. El pintor y su modelo, El Siglo de Picasso IV (1955-1973) Gloria y Soledad... (Madrid: Ministerio de Cultura Publicaciones, 1982), pp. 116.

[xi] Sobre la College, importancia de la memoria cultural véase Mieke Bal, "Introduction", en Acts of Memory. Cultural Recall in the Present (Mieke Bal, Jonathan Crewe and Leo Spitzer, eds.), Hanover and London, Dartmouth University Press of New England, 1999, pp. 7.

[xii] Anna María Guasch Ferrer. Los lugares de la memoria: el arte de archivar y recordar.. Revista d'art, ISSN 1579-2641, Nº. 5, 2005 (Ejemplar dedicado a: Passatges del segle XX) , págs. 157-183.

[xiii] Memento (2000), Newmarket / Summit Entertainment. Dirección  de Christopher Nolan,  Producción  Jennifer Todd, Suzanne Todd, Guion  Christopher Nolan. Basada en "Memento Mori" de Jonathan Nolan.

[xiv] Guillermo Martín. Memoria y cultura contemporáneas. Un abordaje sobre las formas temporales de la conciencia en la modernidad tardía a partir de un producto de la industria cultural. Revista Question (Universidad nacional de La Plata, 2010), 24. pp. 5.

[xv] Ante el resurgir de la fotografía analógica precaria el equipo de Imposible Project está comercializando el soporte, con los antiguos equipos de Polaroid, aunque no con las misma calidad técnica (http://theimpossibleproject.com/).

© 2017 by Atilio Doreste